La información financiera que solicitan compradores, inversores y prestamistas para verificar beneficios, caja y deuda antes de acordar un precio, organizada como un índice numerado de sala de datos.
En la due diligence financiera es donde se pone a prueba la valoración. Los auditores del comprador reconstruyen los resultados de la sociedad objetivo a partir de la contabilidad, eliminan las partidas extraordinarias y no recurrentes para llegar a un EBITDA ajustado, definen el nivel normalizado de capital circulante e identifican cada partida que debe tratarse como deuda. Cada uno de esos hallazgos puede mover el precio directamente, sobre todo en operaciones valoradas por un múltiplo de EBITDA con un ajuste cash-free, debt-free.
La mayoría de las solicitudes siguientes pueden prepararse desde su sistema contable antes de que aparezca un comprador. El mayor ahorro de tiempo proviene de las conciliaciones: cuentas de gestión mensuales que cuadran con los estados auditados, ingresos por cliente que cuadran con el libro mayor y un puente claro del EBITDA reportado al ajustado. El vendedor que los aporta desde el principio controla el relato; el que no lo hace pasará semanas respondiendo preguntas adicionales.
Numerada como un índice de sala de datos: use las secciones como carpetas y mantenga los números en los nombres de archivo.
El CSV se abre en Excel, Numbers o Google Sheets. Es un punto de partida práctico: adáptelo a su operación y jurisdicción con sus asesores.
Los asesores de transaction services del comprador, el equipo financiero del inversor o los asesores de un fondo de private equity; los bancos que financian la operación se basan en el mismo informe.
A menudo 3–6 semanas de trabajo de campo tras la carta de intenciones, más si hay que reexpresar las cuentas o los datos están repartidos en varios sistemas.
Un análisis, normalmente realizado por contables independientes, que ajusta el EBITDA reportado por las partidas extraordinarias, no recurrentes y no operativas para mostrar los resultados sostenibles. Los compradores lo usan para contrastar el múltiplo; los vendedores a veces lo encargan por adelantado (vendor QoE).
Estados auditados de unos tres años, cuentas de gestión mensuales, libro mayor y balances de sumas y saldos, análisis de ingresos y costes, relaciones de capital circulante y deuda, extractos bancarios, y el presupuesto y las previsiones con sus hipótesis.
La mayoría de los contratos de compraventa fijan un nivel objetivo («peg») de capital circulante normalizado; el precio sube o baja si el capital circulante real al cierre difiere. El análisis mensual histórico sirve para fijar ese nivel.
Pasivos que no son deuda bancaria pero reducen el valor para el comprador, por ejemplo pagos aplazados del precio, impuestos pendientes, bonus devengados, depósitos de clientes o planes de pensiones infradotados. Se negocian como deducción dentro de la deuda neta.
Lo habitual es pedir tres años de datos anuales y 24–36 meses de datos mensuales; las empresas más jóvenes aportan todo desde su constitución.